Este libro cuestiona enérgicamente la idea de que no hay lugar para la predicación en el mundo contemporáneo. Expone los argumentos teológicos a favor de la predicación y, a continuación, describe en qué consiste una buena predicación. No se centra en las técnicas que deben emplearse, sino en la naturaleza de la tarea y en el carácter de quien predica. El buen predicador se esfuerza por tender un puente entre los oyentes y la verdad que se proclama. Para poder hacerlo, el predicador debe estudiar tanto las Escrituras como el mundo actual.
El libro ofrece algunas sugerencias sobre cómo preparar un sermón y aboga por una predicación impartida con sinceridad, fervor, valentía y humildad.