Empieza con una imagen muy concreta: un hombre de cuarenta años se mira al espejo del cuarto de baño a las cuatro de la mañana y no se reconoce. No está borracho. No está enfermo. Está en lo que él llama el Hoyo -un espacio liminal, dice, un área de tránsito en la que dejas de ser tú mismo para convertirte en una caricatura- y lleva dieciocho meses cayendo en él fotograma a fotograma, sin haberse dado puñetera cuenta. Se llama Gael. Es periodista freelance. Y se ha enamorado de alguien para quien fue, en el mejor de los casos, una dosis útil.
No se muere solo una vez es la crónica de esa caída contada desde dentro. Álvaro Díaz del Real, letrista de Bisonte Blanco y Campito Fresa, escribe como canta: sin distancia de seguridad, sin red, con la urgencia de quien sabe que la frase siguiente puede salvarle o rematarle. La novela alterna dos voces que parecen distintas y son la misma: los capítulos de la relación con Anaís en un Madrid de Lavapiés y la M-30 de madrugada, y los cuadernos de viaje que Gael envía a su editora desde el Caribe y el norte de África -reportajes profesionales en la superficie, cartas no enviadas en el subsuelo-. Donde quiera que viaja, lleva consigo su obsesión: el periodista que puede ver con claridad el colonialismo del mundo y es completamente ciego ante el suyo propio.
Lo que hace este libro distinto a las novelas españolas con las que comparte estantería es su forma de mirar. Aquí la dependencia emocional no es un decorado psicológico: es el motor narrativo y, a la vez, el material clínico. El refuerzo intermitente, la limerencia, el apego ansioso -ese vocabulario que tu psicóloga de Instagram te ha repetido cinco veces este mes- Díaz del Real lo coge, lo mete en la boca de un narrador que sabe exactamente lo que le pasa y no puede parar, y lo convierte en literatura de primera persona. Camus y Cioran caben en la misma frase que un taco. La voz es oral, culta y soez, y el humor negro funciona como única herramienta de supervivencia que le queda al protagonista.
Si has tenido tu propio Hoyo -si alguna vez supiste exactamente por qué tenías que irte y te quedaste de todas formas- este libro no te va a ofrecer alivio. Te va a ofrecer compañía. Que es lo que pides cuando lo que te duele tiene nombre pero todavía no lo ha dicho nadie en voz alta como tú lo habrías dicho.