La Tierra se está volviendo más verde. El dióxido de carbono, cuya concentración en el aire ha aumentado del 0,03 % al 0,04 % desde el inicio de la era industrial, ha contribuido a potenciar el follaje, el plancton, las plantas nutritivas y el rendimiento de los cultivos. Se ha estimado que el beneficio para la humanidad asciende a 3 billones de dólares. ¿Por qué, entonces, el IPCC AR5 y la COP21 proclaman al carbono como el enemigo público número uno? ¿Por qué reducir las emisiones de CO¿, un gas esencial e insustituible para la vida vegetal? ¿Por qué luchar contra el reverdecimiento de la Tierra? El clima cambia con períodos alternos de calentamiento y enfriamiento cada 30 años, tal y como lo demuestran los indicadores climáticos: el hielo marino, el nivel del mar, las boyas ARGO, la temperatura media global medida desde 1880 y, con mayor precisión, por satélites desde 1979. Una vez restados los ciclos naturales de las observaciones, la contribución antropogénica al cambio climático aparece muy por debajo de los niveles peligrosos, en consonancia con los estudios infrarrojos sobre la absorción de gases de efecto invernadero y la sensibilidad climática más reciente publicada. La balanza se inclina a favor del gas de la vida, ya que un calentamiento moderado favorece el bienestar humano, el crecimiento y el progreso. El cambio de paradigma provisional es una cuestión abierta dirigida a los ciudadanos, a los contribuyentes y al mundo industrial, agrícola y económico.