Me atrevo a recordar que la comida nos propone un diálogo que continúa abierto para que más voces e historias lo integren. El amor que nos transmite la comida y la forma en la que nos permite hablar sobre ella -por medio del cuerpo y de los sabores- es común a las personas, hace parte de nuestra existencia y viene adherido a nosotras por ser humanas, solo hay que permitirse sentirlo. Mi presencia aquí es solamente la manifestación de una llama amorosa que busca compañía para nutrir esta conversación y que se encuentra dispuesta a filosofar con los sentidos para enfrentar la frialdad con la que habitualmente percibimos la comida.